Amar en Otra Lengua

Anaclara Talento Acosta

Amar en Otra Lengua

Amar en Otra Lengua explora la relación entre lenguaje y afectividad. A través de entrevistas, diccionarios afectivos, instalaciones audiovisuales y tutoriales de aprendizaje, la artista uruguaya Anaclara Talento Acosta investiga los lenguajes que nacen dentro de cada relación —amorosa, familiar, amistosa— y la forma en que esos lenguajes secretos moldean quiénes somos y cómo sentimos.

Partiendo de la premisa de que el territorio del lenguaje es, ante todo, un territorio político y con una mirada que cruza lingüística, filosofía y política, la obra invita al público a preguntarse: ¿sentimos en un idioma? ¿Puede lo íntimo volverse colectivo? ¿Qué se pierde cuando ya no hay nadie que hable nuestro lenguaje?


Proyecto seleccionado en la convocatoria Pimentón 2026

“Me dolía especialmente el desmoronamiento de la ternura. Vienen a mi cabeza frases que ella decía, llenas de bondad. Entonces supe que la muerte de una relación es en realidad la muerte de un lenguaje secreto. Una relación que muere da origen a una lengua muerta. Lo dijo el escritor Jordi Carrión en un estado de Facebook: «Cada pareja, cuando se enamora y se frecuenta y convive y se ama, crea un idioma que solo pertenece a ellos dos. Ese idioma privado, lleno de neologismos, inflexiones, campos semánticos y sobreentendidos, tiene solamente dos hablantes. Empieza a morir cuando se separan. Muere del todo cuando los dos encuentran nuevas parejas, inventan nuevos lenguajes, superan el duelo que sobrevive a toda muerte. Son millones, las lenguas muertas».”

– Vilas, M. (2018). Ordesa (2ª ed.). Buenos Aires, Argentina: ALFAGUARA.

El territorio del lenguaje es, ante todo, un territorio político. No se trata de un sistema dado, naturalizado o existente antes de quienes lo habitan, sino de una construcción que emerge desde la afectividad. El lenguaje no precede a las relaciones: se produce en ellas. En ese proceso, su función simbólica delimita constantemente fronteras entre un adentro y un afuera, entre lo que se reconoce como propio y lo que se percibe como ajeno. Estas fronteras no son estables; están cargadas de evaluaciones, valoraciones y transformaciones tanto subjetivas como comunitarias.

Amar en Otra Lengua parte de esta premisa para indagar en la relación entre lenguaje y afectividad, situando su investigación en la intersección con la noción occidental de “otredad”. Sin embargo, en lugar de abordar esta problemática desde una dimensión abstracta o generalizante, donde lo individual tiende a diluirse, el proyecto desplaza la discusión hacia un espacio donde la vivencia personal y la anécdota adquieren centralidad. Es allí donde el lenguaje se encarna, confrontando experiencias difíciles de refutar y haciendo visible aquello que muchas veces permanece innombrable o invisibilizado por discursos institucionales y académicos.

En este contexto, el lenguaje es entendido en un doble sentido. Por un lado, en su definición clásica y académica, como sistema estructurado de signos. Por otro lado, como un objeto cargado de valor político y afectivo, casi fetichizado, que emerge cuando dos o más individuos establecen una relación. Cada vínculo produce su propio micro-lenguaje: un sistema simbólico compuesto por palabras inventadas, modulaciones de la voz, gestos, silencios, miradas, objetos y hábitos compartidos. Estos lenguajes son considerados aquí al mismo nivel que los idiomas y los grandes códigos culturales, pero reconociendo su carácter profundamente singular.

Esta lógica de singularización se extiende también a los conceptos de cultura y tradición. Si bien suelen pensarse como estructuras colectivas que agrupan o dividen a las personas, el proyecto propone entenderlas desde su dimensión individual y relacional. Cada persona construye su propia cultura, incluso en contextos compartidos, y ninguna experiencia cultural es completamente transferible. Del mismo modo, cada relación configura una cultura dual, un espacio de sentido propio que no puede ser plenamente replicado.

En este marco, la noción de “extranjero” se desplaza de su sentido convencional. Lo extranjero no remite únicamente a lo nacional o geográfico, sino también a aquello que queda fuera de una relación específica. Se puede ser extranjero incluso dentro de lo cotidiano, frente al lenguaje del otro, incluso del más cercano. Toda relación implica, en algún nivel, un encuentro con lo extranjero.

Comprender una cultura, incluso la cultura que se genera entre dos, implica necesariamente aprender su lenguaje. Lengua y cultura son inseparables: no es posible acceder a una sin atravesar la otra. Aprender un lenguaje, incluso uno afectivo, implica también aprender normas, valores y formas de percepción. Esto incluye el paralenguaje: todos aquellos elementos no verbales como el tono de voz, la gestualidad o la distancia corporal. Este componente, que varía según el contexto y los interlocutores, puede generar tanto afinidad como malentendidos, revelando la complejidad de la comunicación más allá de las palabras.

Siguiendo al lingüista Ken Hale, cuando una lengua desaparece, no solo se pierden palabras, sino una forma única de entender e interpretar el mundo, una cultura. En Amar en otra lengua, esta afirmación se traslada al ámbito de lo íntimo: cuando se pierde el lenguaje de una relación, también se pierde un mundo. La pregunta entonces es cómo registrar, archivar o transmitir aquello que está hecho de afecto, uso compartido y memoria.

La exposición se articula a través de una serie de estaciones de aprendizaje rápido, concebidas como dispositivos de investigación, extracción, traducción y publicación de estos lenguajes relacionales. En ellas, se muestran entrevistas a miembros de distintas comunidades afectivas con relaciones profundas y duraderas, con el objetivo de descubrir las historias y los sistemas lingüísticos que emergen de esas experiencias, poniendo a prueba los postulados del proyecto.

Estos lenguajes son procesados y registrados en diccionarios-enciclopedias que no solo organizan palabras y conceptos, sino también imágenes, gestos, entonaciones, notas y otros elementos vinculados al paralenguaje. Este archivo expandido permite recorrer los mundos internos de estas comunidades, indexando información que tradicionalmente ha quedado fuera de los sistemas de conocimiento formales.

De manera complementaria, se desarrollan videos, concebidos como “tutoriales” para el aprendizaje de estos lenguajes. Presentados como instalaciones audiovisuales, estos trabajos introducen una dimensión lúdica y performativa, donde el aprendizaje se convierte en un juego, pero también en un ejercicio de traducción, aproximación y desplazamiento.

Es aquí donde emerge una de las paradojas centrales del proyecto. Aquellos lenguajes que nacen como códigos íntimos, incluso secretos, se vuelven accesibles. Pueden ser aprendidos por “extranjeros”, es decir, por quienes no participaron en su origen. En este gesto aparece una suerte de “industrialización” de la extranjeridad y de la localidad, donde lo singular se pone en circulación a través de la anécdota individual de comunidades afectivas desconocidas.

Esta apertura plantea una tensión fundamental: ¿qué sucede cuando un lenguaje afectivo pierde su exclusividad? ¿Puede la experiencia única de una relación convertirse en un conjunto de relaciones? ¿Es posible que estos lenguajes, al ser aprendidos, den lugar a nuevas formas de comunidad?

Amar en otra lengua no busca resolver estas preguntas, sino sostenerlas. Al hacerlo, propone una reconfiguración del lenguaje como un territorio vivo, inestable y en disputa, donde lo político y lo poético, lo individual y lo colectivo, lo propio y lo ajeno, se entrelazan. En ese cruce, cada relación aparece como la posibilidad de un mundo, y cada lenguaje como la huella de su existencia. 

Amar en Otra Lengua propone cortos postulados que la obra intenta poner a prueba:

Postulado #1
Lenguaje y duelo: cada relación construye un lenguaje único que eventualmente morirá

Toda relación produce lo que puede entenderse como un micro-lenguaje: un sistema simbólico compartido compuesto por palabras inventadas, inflexiones tonales, gestos, miradas, silencios y hábitos encarnados. Retomando el concepto de “juegos de lenguaje” de Ludwig Wittgenstein, el significado emerge a través del uso dentro de una forma de vida específica. En este sentido, la intimidad genera su propio juego, cuyas reglas son co-construidas y rara vez codificadas.

Cuando una relación termina, ese micro-lenguaje se extingue. Lo que desaparece no es solo el vínculo, sino un mundo semántico completo, una gramática afectiva inteligible únicamente para quienes la habitaron. Esta extinción puede leerse a través de las reflexiones de Roland Barthes en El discurso amoroso, donde el amor produce un idiolecto: un acto de habla singular estructurado por el deseo y la ausencia. El duelo, entonces, no es solo la pérdida de una persona, sino la pérdida de un universo lingüístico.

Las relaciones transitan por una cadena de elección, inicio, profundización y final. Este proceso se despliega a través de la comunicación, tanto verbal como no verbal. Como sugiere Erving Goffman, la interacción es performativa y ritualizada. Los códigos secretos de la intimidad no están escritos en ninguna parte, no son conocidos por nadie más, y sin embargo resultan perfectamente legibles para quienes participan de ellos.

Postulado #2
Modismos y traducción: ¿sentimos en una lengua?

Los sentimientos y los idiomas pueden estar correlacionados. Una persona puede sentir principalmente en su lengua nativa y luego traducir esos afectos a otra, o experimentar desplazamientos emocionales al pensar en un idioma diferente. Esta hipótesis resuena con la perspectiva de Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf, conocida como la hipótesis Sapir-Whorf, que propone que el lenguaje influye en la percepción y la cognición.

Pensadores contemporáneos como Ngũgĩ wa Thiong'o sostienen que el lenguaje no es solo un medio, sino también un portador de memoria y de cosmovisión. Sentir en otro idioma puede alterar la textura misma de la emoción, más allá de una simple traducción. Así, la traducción deja de ser únicamente una transferencia semántica para convertirse en una transformación afectiva. La pregunta ya no es solo cómo traducir palabras, sino si las emociones mismas se modifican al ser articuladas en otra estructura lingüística.

Postulado #3
Lenguaje y colonización: el lenguaje como arma política

Si los sentimientos pueden traducirse, también pueden ser colonizados. El lenguaje funciona como una tecnología política que organiza la percepción, la pertenencia y la jerarquía. Frantz Fanon demostró cómo los regímenes lingüísticos coloniales moldean la subjetividad, produciendo alienación y dominación internalizada. Imponer una lengua es imponer también una estructura de sentimiento.

Como sostiene la Progressive International en su declaración, las barreras lingüísticas refuerzan la dominación. El lenguaje determina quién es escuchado y quién permanece ininteligible. La colonización del lenguaje impacta el desarrollo político de las relaciones y las comunidades al reconfigurar el léxico emocional disponible. La vida afectiva queda así regulada por gramáticas hegemónicas.

Postulado #4
Lenguaje y afectividad: coevolución

La afectividad evoluciona junto al lenguaje. Retomando la teoría de las economías afectivas de Sara Ahmed, las emociones circulan socialmente y adquieren significado a través de la repetición y el discurso. Existe una forma de sentir la alegría, el resentimiento, la rabia o el amor en la infancia, y otra distinta en la adultez. Cada etapa de la vida genera herramientas conceptuales específicas y, por lo tanto, diferentes formas de articulación emocional.

A medida que los sujetos adquieren nuevos conceptos, su rango emocional se reorganiza. El lenguaje no se limita a describir lo que se siente, sino que moldea sus contornos. La maduración emocional es, al mismo tiempo, una maduración lingüística. El léxico disponible para un sujeto determina la precisión con la que puede percibir y expresar sus afectos.

Postulado #5
Otredad y gramáticas afectivas alternativas

¿Cómo se manifiestan estas dinámicas en aquello que la epistemología occidental denomina “otredad”? Comunidades como los pueblos indígenas, las redes queer y las prácticas BDSM suelen desarrollar gramáticas afectivas alternativas que desafían los códigos relacionales normativos. El trabajo de Judith Butler sobre la performatividad revela cómo las identidades y los deseos se constituyen a través de actos lingüísticos repetidos que pueden tanto reforzar como subvertir las normas dominantes.

Estas comunidades a menudo generan lenguajes relacionales que permanecen parcialmente opacos para la cultura dominante. Sus códigos funcionan como dispositivos de protección, resistencia o construcción de mundo. Estudiarlos no implica exotizar la diferencia, sino reconocer que coexisten múltiples lenguajes afectivos, cada uno articulando modos distintos de intimidad, poder y pertenencia.

La investigación que sustenta esta exhibición ha sido posible gracias a Norske Billedkunstnere (NO), Trøndelag Fylkeskommune (NO), Fundación de Arte Contemporáneo (UY), Ministerio de Educación y Cultura Uruguay – Dirección Nacional de Cultura Uruguay – Instituto Nacional de Artes Visuales Uruguay (UY), Fondo Concursable para la Cultura Uruguay – Fondo de Estímulo a la Formación y Creación Artística Uruguay (UY), Samband Íslenskra Myndlistarmanna (ISL), OT301 – 4bid Gallery (NL), Kulturdirektoratet (NO), Trondheim Kommune (NO) y La Ira de Dios (AR)

Agradecimientos al equipo de producción: Carlo Nicola (diseño estructural); Benteveo y Rutia (producción estructural); Luciana Damiani (diseño y maquetación editorial); Ana Inés Puig (encuadernación editorial artesanal); Maximo Gurban, Domenica Pioli, Yaser Rahhal (producción audiovisual); Inés López Saborido (edición audiovisual).

Categoría
Artes Visuales
Exposiciones
Fecha
14 mai 2026
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