Delmira Agustini. Ofrenda a sus recuerdos y a su vida
La calle de los altares

Un altar de muertos para la escritora Delmira Agustini, una forma de recordar su legado cultural y de honrar su vida, un homenaje a una de las artistas más importantes de Uruguay.
Nos sumamos a La calle de los altares, una celebración cultural que lleva la tradición mexicana del Día de Muertos a las calles de Ciudad Vieja.
Esta tradición surge de los pueblos indígenas que habitaban el actual territorio de México antes de la llegada de los españoles, para quienes la muerte no representaba necesariamente un final, sino el inicio de un viaje hacia otro lugar. En la tradición nahua, uno de esos destinos era el Mictlán, al que llegaban quienes habían tenido determinados tipos de muerte después de atravesar un largo camino.
Con el paso de los siglos, estas concepciones se encontraron y entrelazaron con las celebraciones católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, dando lugar a una enorme diversidad de prácticas que siguen transformándose hasta hoy.
Más allá de sus diferencias, lo que une a todas las celebraciones del Día de Muertos es hacerle un lugar entre nosotros a quienes ya no están y celebrar, con cariño, la vida y el legado que construyeron.
Este altar dedicado a Delmira Agustini surge de la colaboración entre la crítica literaria y profesora Carina Blixen y la artista mexicana Karla Moreno, integrante del colectivo Guardianas de la memoria.
Delmira Agustini. Ofrenda a sus recuerdos y a su vida.
En la tradición mexicana, los altares de muertos brindan la posibilidad del encuentro de cada persona con sus muertos queridos. Realizar un altar a Delmira Agustini es una manera -inusual en la cultura uruguaya- de rendirle homenaje y de volver a imaginarla. El impulso es revivir no solo su obra, sino las diversas facetas que hicieron su vida. El deseo es traer al presente sus múltiples intereses artísticos. Además de la literatura, la pintura y la música fueron una parte fundamental de su vida. Sus manuscritos dan muestra de su decidida apuesta por ser considerada escritora. Sus poemas, que escandalizaron a muchos de sus contemporáneos, siguen ofreciendo a sus lectores los misterios del erotismo y la pasión.
Para construir este altar, la crítica literaria y profesora María Carolina Blixen y la artista mexicana Karla Moreno, integrante del colectivo Guardianas de la memoria, se acercaron a la Colección Delmira Agustini del Archivo literario de la Biblioteca Nacional. Muchos de los elementos aquí presentes son reproducciones de sus cuadernos, sus dibujos y sus manuscritos. También hay referencias a aspectos personales, como la fotografía de su cuarto de niña, un vestido que evoca su traje de novia, cuyo original también forma parte del Archivo Delmira, o la imagen de un canario, en honor a Pedrito, el pájaro que se conserva embalsado junto a una tarjeta escrita por su hermano, Antonio Luciano Agustini, que dice: “Pedrito, pajarito de Delmira Agustini “asesinado” en 1896 por la sirvienta María Campos”.
La poesía fue para Delmira una manera de explorarse y ubicarse en el mundo. Cuando tenía16 años decidió que iba a ser poeta. En el camino de llegar a ser, con la entrega intensa y absoluta que la caracterizó, encontró su muerte. El desafío de pasión y pensamiento que asumió muy temprano fue demasiado para la estrecha sociedad del Novecientos. Publicó tres libros en vida: El libro blanco (1907), Cantos de la mañana (1910) y Los cálices vacíos (1913). En principio su interés primordial fue la creación: la inspiración y las figuras femeninas con que la mitología la encarnaba. Libro a libro fue adquiriendo un notable dominio del lenguaje poético y fue ahondando la indagación en el deseo erótico. En este sentido Los cálices vacíos es una culminación y un salto al vacío.
Tuvo un agudo sentido profesional, absolutamente excepcional en una mujer de su tiempo. Quiso ser valorada y escuchada en su condición de escritora. Y, a pesar de su cortísima trayectoria, lo logró. Fue asesinada a los 27 años, el 6 de julio de 1914, por quien había sido su marido, Enrique Job Reyes, un hombre que no pertenecía al círculo de escritores e intelectuales que la admiraron.
Cobra especial sentido, entonces, recordar a Delmira en noviembre, el mes en el que desde 1999, se celebra el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Elaborado en base a textos de María Carolina Blixen.
- Categoría
- Artes Visuales
- Fecha
-
01/Nov/2026
- Horario
11:00 a 15:00