El milagro de la acuaponía en La Guajira
El milagro de la acuaponía en La Guajira
En Semana Santa, más de 25 familias de La Guajira (Colombia) producen pescado y alimentos frescos en sus hogares gracias a sistemas acuapónicos

En Semana Santa, cuando el pescado sube de precio y no siempre llega a todas las mesas, en La Jagua del Pilar (La Guajira, Colombia) hay familias que ya no dependen de comprarlo fuera porque lo tienen en casa.
Impulsado por tradiciones culturales y religiosas, el aumento de la demanda en esta época puede superar entre el 12% y el 15%, generando presiones sobre la oferta, incrementos en los precios y dificultades de acceso para muchas familias, especialmente en zonas rurales. En este contexto, ACUAFASA, proyecto de la AECID en el sur de La Guajira está mostrando una alternativa concreta para enfrentar estos desafíos.
CÍRCULO VIRTUOSO ENTRE PECES, PLANTAS Y AGUA
La acuaponía es un sistema de producción agrícola y acuícola sostenible que combina la cría de peces (acuicultura) con el cultivo de plantas sin suelo (hidroponía) en un ciclo cerrado. Los desechos de los peces, transformados en nutrientes, alimentan a las plantas, que purifican el agua que a su vez regresa a los peces.
En La Guajira, más de 25 familias han encontrado en este sistema una forma de alimentarse mejor y mirar al futuro con más tranquilidad.
“Antes no siempre podíamos consumir pescado, pero ahora lo producimos nosotros mismos y lo compartimos en familia”, cuenta María Reales.
Como ella, más de 25 familias participan en el proyecto ACUAFASA, apoyado por la AECID, que ha llevado sistemas acuapónicos a sus hogares: pequeños espacios donde peces y plantas crecen juntos, en equilibrio.
MÁS QUE UN HUERTO
Gracias a este proyecto, el pescado y la verdura son producidos en las casas y con muy poco consumo de agua. Antes, muchas familias tenían que desplazarse hasta la ciudad para comprar pescado, con el coste añadido que eso suponía.
“Ahora solo es ir al sistema, cortar y consumir alimentos frescos directamente”, explica Paulina Cuentas. “Comemos mejor y con productos más sanos”.
En apenas unos meses, cada familia ha conseguido producir varios kilos de pescado, además de hortalizas que completan su dieta. Pero el cambio va más allá de la comida.
Es también tiempo, dinero y conocimiento.
“Hoy lo tenemos todo aquí. Nos permite alimentarnos mejor y ahorrar para otras necesidades”, dice Hilda Ospino.
SEMBRAR PRESENTE, SEMBRAR FUTURO
Algunas familias ya empiezan a mirar más lejos.
“Con una cosecha más grande podemos vender y generar ingresos”, señala Rosa Salas.
Lo que empezó como una solución para alimentarse mejor se está convirtiendo también en una oportunidad para generar ingresos y fortalecer la economía familiar.
En una región donde el agua es un recurso escaso y las oportunidades limitadas, esta forma de producir alimentos abre una nueva oportunidad. Una que empieza en las propias casas.


